¡qué Te pensás!

Sin título
Tinta y acuarela. 2015

Refugio

Estaba prendida la tele y nos habíamos sentado a comer. Fue un estruendo y después la oscuridad, nos habremos desmayado. Siguió un silencio espeso en el que no se veía nada: puro polvo y una presión que nos aplastaba por todos lados. Enseguida empezamos a gritar. Con suerte nos salía un “acá, acá” o ni eso, sólo abríamos la boca y dejábamos escapar un ruido orgánico y descerebrado. El dolor nos confirmaba que no habíamos muerto. No me acuerdo cómo salimos. Recién tengo la imagen de nosotros cinco afuera, grises de mugre, llenos de sangre y abrazados. No sé si registré el momento o es que lo terminé reponiendo con la foto que salió en los diarios. Nos llevaron al hospital. Cada uno tenía un yeso, una sutura y los dientes partidos. Podíamos caminar y nos palmeaban diciendo que la habíamos sacado barata, que teníamos que estar agradecidos. Nos refugiaron en un tinglado, había un colchón al lado de otro y frazadas. Mi compañero y yo acostamos a los críos y nos miramos. Quiero ir a casa, dije y nos corrió un frío en la espalda. Ya no había casa.
Los olores, las toses y los llantos ajenos se me metían en el sueño. Me despertaba sobresaltada y los arcos de fútbol que nos rodeaban parecían imágenes de una nueva pesadilla. Mis hijos dormían profundo, más que nunca, se habían desconectado. Los toqué varias veces para asegurarme de que respiraran. A cada rato nos sobrevolaba una cámara de televisión. Un tipo de traje, cuando me vio sentada, me acercó un micrófono. Me quedé muda, era yo la que necesitaba saber qué había pasado. Me encandilaban con ese foco blanco y no pude acotar ni una palabra mientras él hacía una nota sobre mi estado de shock y mi cara reventada.
En el bolsillo me descubrí las llaves enhebradas en la cinta larga que siempre usaba de llavero. La estiré ante mis ojos. Dejé bailar el péndulo con la mente en blanco hasta que por fin se quedó quieto y dibujó una línea vertical. El suelo marcó el otro eje. No quedaba otra, al amanecer íbamos a tener que levantarnos y volver a empezar.